Al lado mismo de la Lonja de la Seda, como un eco del bullicio comercial que resonó en aquellas bóvedas durante los siglos medios, se siente el guirigay del mercado central, cuyo símbolo, precisamente, es la cotorra que hace de veleta. Inaugurado en 1928, sus cúpulas de hierro, cristal y cerámica de hasta 30 metros de altura cobijan más de 350 tiendas de frutas, pescados, carnes y hortalizas; no mil, ni dos mil, como le adjudican algunas guías; en todo caso, es el mayor mercado de Europa dedicado a productos frescos y el primero que pirmitió, ya en 1996, hacer la compra a través de Internet (www.mercadocentralvalencia.es).

Si el tufo a pescado y la vision de visceras no resultan del agrado del viajero, puede éste encontrar un ambiente más aséptico y relajado en el mercado de Colon, edifico también modernista de 1916 que fue rehabilitado en 2003 como centro de ocio, con cafeterias, restaurantes, galerias de arte y floristerias, muy fino todo y bien oliente (www.mercadocolon.es).
