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10 visitas imprescindibles

Indice

De las aguas polares de L'Oceanogràfic a las sabanas del Bioparc. Del gótico esplendoroso de la Lonja a la arquitectura vanguardista de Santiago Calatrava. Un museo clásico (el de Bellas Artes) y otro de lo más moderno (el IVAM). Para pasear, los jardines del Turia. Dos citas con el mar: en el renovado puerto y en la playa de la Malvarrosa. Y un lugar para verlo todo desde el cielo: la torre de la catedral.


Ciudad de las Artes y las Ciencias

Es el símbolo de la nueva Valencia, el banco imán arquitectónico que atrapa todas la miradas y la única visita que merece un día entero, en parte porque es un lugar enorme y en parte porque hay que amortizar la entrada, también enorme, casi tanto como los presupuestos que maneja Santiago Calatrava. Su puerta es L'Umbracle, una pérgola futurista que mitiga la pedrada del sol en verano y hace bonito el resto del año. A su vera, reflejándose en estanques que recuerdan las aguas del antiguo Turia cuando las llevaba, están L'Hemisfèric (planetario, cine Imax y espectáculos láser) y el Museu de les Ciències Príncipe Felipe, cuyo lema, "prohibido no tocar", es bien expresivo. Río arriba, por decirlo así, queda el Palau de les Arts Reina Sofía, una especie de crucero estelar reservado para la difusión de las artes escénicas. Y aguas abajo, L'Oceanogràfic, que es lo más atractivo del conjunto y lo más cerca que uno va a estar nunca de un tiburón toro o una ballena beluga (www.cac.es).




Turia: inundación de verdor

El 14 de octubre de 1957 se produjo la última gran riada del Turia en Valencia, que causó 81 muertos y la drástica desición de desviar sus aguas por el sur de la ciudad para evitar nuevas inundaciones. Desecado y ajardinado en sucesivas fases, aquel cauce mortífero acabaría convirtiéndose en el mayor parque urbano de España, con más de 11 kilómetros de longitud. Dos de los grandes reclamos turísticos de la capital, la Ciudad de las Artes y las Ciencias y el zoo de nueva generación Bioparc, se asientan sobre el antiguo lecho del Turia. Y edificios tan emblemáticos de la moderna Valencia, como el Palau de la Musica y el IVAM, contemplan desde las viejas orillas este río de verdor salpicado de fuentes, paseos arbolados, carriles-bici, instalaciones deportivas, zonas de juego infantil y 17 puentes antiguos y modernos, cuatro de ellos obra de Santiago Calatrava (el del Nou d'Octubre, el de la Exposción, el de Monteolivete y el de L'Assaut de l'Or), que en su tierra es más profeta que nadie (www.culturia.org).


La catedral, el grial y una vista celestial

Se inició en 1262 y se acabó en 1702, lo cual explica que tenga portadas para todos los gustos: desde la rómanica del Palau hasta la principal de los Hierros, muy barroca y berniniana ella, pasando por la gótica de los Apóstoles, junto a la que se reúne todos los jueves a mediodía el Tribunal de las Aguas para juzgar, en valenciano y sin taquígrafos, litigios relacionados con las acequias de la huerta. En el interior, de tres naves, con ábside poligonal y monumental cimborrio, se exhiben unos encantadores frescos renancentistas de asunto angelical recientemente restaurados y el que dicen que es el santo grial, el fetén. Sin embargo, la fama, y la mayoría de las visitas, se las lleva el Micalet o Miguelete, campanario de 51 metros que permite ver la ciudad como los ángeles, no los pintados, sino los del cielo (www.catedraldevalencia.es).


Lonja de la Seda

A mediados del siglo XV, el único dios en que confiaban los valencianos, al menos a corto plazo, era Mercurio, protector del comercio, de ahí que construyesen esta catedral del cambalache, joya la más rutilante del gótico civil europeo, para albergar las operaciones de los mercaderes y a sus organos de gobierno. Pues la seda era la principal mercancia, de la Seda se llamó. Sus espacios estelares son la Sala de Contratación, sostenida por 24 columnas helicoidales, y el Consulado del Mar, que ha vuelto a abrir sus puertas después de 20 años para mostrar la remozada faz de su tremendo artesonado. Minúsculos en comparación, pero no menos llamativos, son los personajillos que hay esculpidos por doquier: arpías, brujas, demonios, salvajes, acróbatas y unos cuantos individuos con el culo al aire; individuos como el Cagaoret, cuyo nombre indica lo que está haciendo, que no es precisamente seda.


Mercados modernistas: la compra más bella

Al lado mismo de la Lonja de la Seda, como un eco del bullicio comercial que resonó en aquellas bóvedas durante los siglos medios, se siente el guirigay del mercado central, cuyo símbolo, precisamente, es la cotorra que hace de veleta. Inaugurado en 1928, sus cúpulas de hierro, cristal y cerámica de hasta 30 metros de altura cobijan más de 350 tiendas de frutas, pescados, carnes y hortalizas; no mil, ni dos mil, como le adjudican algunas guías; en todo caso, es el mayor mercado de Europa dedicado a productos frescos y el primero que pirmitió, ya en 1996, hacer la compra a través de Internet (www.mercadocentralvalencia.es).



Si el tufo a pescado y la vision de visceras no resultan del agrado del viajero, puede éste encontrar un ambiente más aséptico y relajado en el mercado de Colon, edifico también modernista de 1916 que fue rehabilitado en 2003 como centro de ocio, con cafeterias, restaurantes, galerias de arte y floristerias, muy fino todo y bien oliente (www.mercadocolon.es).




Instituto Valenciano de Arte Moderno

Inaugurado en 1989 y ampliado en 2001, el IVAM, una de las principales referencias vanguardistas de Europa, ocupa un moderno edifico de 18'000 metros cuadrados en la margen derecha del antiguo Turia, con siete galerias y una amplia cristalera que funde con el paisaje de la ciduad las grandes esculturas que suelen exhibirse en el vestibulo y los rellanos de la monumental escalera. En él se exponen desde obras de valencianos precursores del arte moderno, como Sorolla o Pinazo, hasta creaciones más actuales, correspondientes a las principales corrientes internacionales. Paul Klee, Chillida, Tàpies, Kirkeby o el Equipo Crónica se codean con los cientos de artistas, españoles y extranjeros, que protagonizan las numerosas exposiciones temporales (unas 25 al año). Parte importante del espacio se dedica a Julio Gonzalez, el que fuera gran escultor de la vanguardia europea, coetáneo de Picasso (www.ivam.es).


Museo de Bellas Artes: un clásico necesario

Casi 3'000 pinturas, que abarcan desde el siglo XIV hasta el XX, hacen de este museo la segunda pinacoteca más importante de España y una visita aconsejable, incluso necesaria, para descansar de la abrumadora modernidad valenciana. Lo más destacable son las tablas góticas de los primitivos valencianos: Jacomart, Pere Nicolau, Damián Forment, Reixach, Falcó... Hay una valiosa colección de lienzos de grandes maestros del Barroco (como Velázquez, Murillo o Zurbarán) y otra de pintura valenciana de los siglos XIX y XX, con Sorolla a la cabeza. Genios inclasificables como El Bosco, El Greco o Goya también tienen su espacio en el museo. Otra obra de arte es el propio inmueble, el colegio seminario San Pio V, un edificio barroco ampliado y reformado para desempeñar su nueva funcion (la iglesia ochavada, por ejemplo, sirve de zaguan y distribuidor) que se alza junto a los viveros municipales, los jardines del desaparecido palacio Real (www.cult.gva.es/mbav).


Marina Real: velas, vientos y terrazas

Completamente remodelado con motivo de la Copa de America de 2007, el puerto deportivo, ahora Marina Real Juan Carlos I, alberga una de las arquitecturas más sorprendentes de la ciudad: el edificio Veles e Vents, de David Chipperfield y Fermin Vazquez. De lejos no parece mayor que un chalé. Pero a medida que uno se acerca, el que fue concebido como centro de recepciones de la mentada regata se revela como un bloque grandecito, de 10'500 metros cuadrados y 25 metros de altura, seccionado por cuatro plataformas horizontales blancas a las que los domingos soleados se asoma el pueblo diminuto para contemplar las flamantes darsenas y el canal que las comunica. En su entorno hay un parque infantil, terrazas forradas de madera perfectas para tomarse el aperitivo o una copa crepuscular y un kilómetro espigón que invita a pasear con la mirada en el mar, en los veleros que entran y salen de la dársena exterior y en la vecina playa de las Arenas (www.marinarealjuancarlosi.com).


Recuerdos de la Malvarrosa

Al norte del puerto deportivo, y hasta la acequia de Vera, que separa los terminos de Valencia y de Alboraya, se extiende una playa bien hermosa, de 2'300 metros de longitud y casi 200 de anchura, la cual recibe, según se avanza por ella, diversos nombres: de las Arenas, del Cabanyal y de la Malvarrosa. A su vera se alinean los tipicos restaurantes con terrazas especializados en arroces y mariscos, alguno de más de cien años, y un pulcro paseo marítimo frecuentado por corredores, patinadores y ciclistas. En la Malvarrosa, imposible no acordarse de los pescadores y de las paseantes vaporosas que pintaba Joaquin Sorolla. Mas evidente aun es el recuerdo del escritor Vicente Blasco Ibañez, cuya casa-museo, situada casi al final de la playa, mira al mar desde una impresionante tribuna con pilares jónicos y cariátides. Imágenes de webcam e información sobre el tiempo, servicios, accesibilidad y calidad de las playas, en www.comunitatvalenciana.com/playas.


Bioparc: no es Africa, pero casi

En el llamado parque de Cabecera, sobre el antiguo cauce del Turia, abrió en 2008 este zoo innovador, de 100'000 metros cuadrados, donde se han recreado con pasmosa fidelidad tres ecosistemas (la sabana, Africa ecuatorial y Madagascar), usando la vegetación de cada cual y reproduciones de pedruscos, grutas y baobabs gigantes. La novedad radica en que no hay barreras visuales, de modo que el visitante tiene la sensación, mire donde mire, de hallarse en plena naturaleza. Zooinmersión, le dicen a esto. Biparc es el único zoo del mundo donde pueden verse siete especies de lémures, y su recinto de grandes simios es uno de los mayores de Europa. Otras curiosidades son la réplica del a cueva keniata de Kitum, de 40 metros de longitud, excavada por los elefantes en busca de la sal que satura sus paredes; o las rocas orondas del kopje, sobre las que los leones descansan vigilando su almuerzo: cebras, antílopes, impalas... (www.bioparcvalencia.es).