Ya estoy de vuelta en tierras españolas, y algo triste de estarlo. Mi visita al Japón fue una maravilla, y se terminó demasiado pronto. No tuve mucho tiempo para ver flamenco, porque como es natural, estaba disfrutando de la cultura autóctona. Sin embargo, pude asistir al tablao El Flamenco de Tokio y ahí conocer y entrevistar al joven bailaor Jesús Herrera. También tuve la buenísima fortuna de visitar una clase avanzada de danza en el Flamenco Studio Mayor y entrevistar a su fundadora, la bailaora y profesora Masumi Suzuki, conocida como “Mami”.
Compartiré todos estas experiencias en los días que vienen. Hoy quiero hablar de un arte tradicional japonés, el kabuki. Tuve la grandísima suerte de ver dos obras de kabuki en el barrio antiguo de Tokio, Asakusa. El kabuki es una combinación de teatro, música y danza. Es un arte escénico con maquillaje, peinados, trajes y decorados finísimos y ricos en color y textura. Aunque el espectador no hable el japonés, el movimiento y las expresiones físicas son tan dramáticas y marcadas que es relativamente fácil entender lo que narra la historia.