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10 Visitas Imprescindibles

Indice

Para empezar a conocer Madrid, un primer acercamiento nos llevará a sus conocidas pinacotecas; pero la ciudad es mucho más que eso y también quiere mostrarnos su faceta noctámbula en la mítica Gran Vía y aledaños, sus cuidados parques y jardines como El Retiro o el Botánico, sus tabernas más populares en la zona de la plaza Mayor o los objetos curiosos que se venden por El Rastro.



Museo del Prado: un clásico renovado

La colección de pintura del Prado contiene obras de pintores españoles, italianos y flamencos y es una de las más importantes del planeta. Y con la ampliación realizada por el arquitecto Rafael Moneo, el Prado cuenta además con un vestíbulo central decorado en bronce cálido y zonas de paso estucadas en color carmín que le dan un aire como de abuela que se hubiese quitado el luto y llevase ropa colorida. Otras novedades las encontramos en las puertas de Cristina Iglesias, que sugieren enormes trozos de leña en bronce, así como en el Claustro de los Jerónimos, que ahora es visitable y cuenta con esculturas de los Leoni. No dejemos de echar un vistazo a su nueva tienda-librería con objetos muy bien elegidos. Pero sobre todo, admiremos su nueva adquisición: el dibujo El Toro mariposa, de Goya, que nos hace pensar dónde podrían encontrarse las raíces del surrealismo.


 

 

Paseo del Prado s/n
www.museodelprado.es
De martes a sábados, 9.00-17.00;
Domingos, 9.00-16.30
Lunes cerrado.
9 Euros

Parque de El Retiro: paseos y cultura al aire libre

El Retiro es un  parque de 118 hectáreas con sus verjas, su estanque y sus barquitas, su rosaleda, sus 60'000 árboles y sus quioscos de horchata, patatas fritas y cerveza. E incluso dispone de un local destinado al ocio nocturno: la legendaria sala de fiestas Florida Park (paseo de la República de Panamá, 1. www.floridapark.net), que hoy se alquila para eventos y ofrece cenas-espectáculo con su correspondiente tablao flamenco.  Y es que El Retiro, abierto como zona de recreo desde 1632, se asocia con un ocio antiguo, casi decandente, de montar en barca y declararse a la enamorada en un banco de madera, aunque también en él puedan llevarse a cabos planes contemporáneos como visitar las exposiciones que el Reina Sofia instala en los decimonónicos palacio de Cristal y palacio de Velázquez, o recorrer cada mes de junio la Feria del Libro de Madrd, situada en su paseo de Coches. Además, el Retiro es el único parque del mundo que posee una escultura dedicada al diablo o Angel caído, situada en la glorieta de igual nombre.


Plaza de Oriente: esplendor y jardines con solera

El centro del Madrid del siglo XVIII se encuentra en esta plaza ajardinada, que debe su nombre al hecho de haber sido el punto más al este de la ciudad cuando aún se llamaba Magerit. En medio, la estatua ecuestre a dos patas del rey Felipe IV le otorga un aire majestuoso. En un extremo de la plaza tenemos el palacio Real, el principal edificio, por grande y por representativo, del siglo XVIII en Madrid. En el otro extremo se encuentra el teatro Real, templo de la ópera y del ballet. Aunque nos pueda parecer que el tiempo no transcurre por allí mientras tomamos un café en el tradicional y finísimo café de Oriente o paseamos entre las estatuas de reyes de León, Aragón y Castilla, hay novedades que destacar: las calles de esta zona del Madrid de los Austrias guardan sorpresas como La Buena Vida (Vergara, 10. Todos los días de 12.00-24.00), una librería-café donde se celebran eventos a menudo. Y en la cercana calle de Santiago hay que probar la cocina neoespañola de Taberneros o comprar algún regalo marciano en Víctimas del Celuloide.


Museo Reina Sofía: contemporáneo por dentro y por fuera

El reflejo del poderoso color bermellón que irradia la obra del arquitecto Jean Nouvel tiñe las fachadas de las viviendas situadas en frente al nuevo edificio del Museo Reina Sofia. El edificio llama la atención desde fuera pero es en su interior donde un parque de atracciones cultural nos espera. Para empezar, una librería de varios pisos especializada en arte y humanidades: La Central (Ronda de Atocha, 2. De lunes a sábados, 10.00-21.00; domingos, 10.00-14.30; martes cerrado), lugar del que es difícil salir con las manos vacías. Se accede a ella entrando al patio interior del museo, coronado por un gran brochazo tridimensional de Lichtenstein. Además de la librería, la colección y las exposiciones, el museo alberga un auditorio, una sala de proyecciones, una biblioteca especializada y, para repostar, su café-restaurante con la impronta de Sergi Arola. Para completar la visita, a pocos metros queda la calle Argumosa, el paraíso de las terrazas de Lavapiés. (Santa Isabel, 52. 917 741 000. www.museoreinasofia.es. De lunes a sábados, 10.00-21.00; domingos 10.00-14.30; martes cerrado; 6 euros. Gratis sábados tarde y domingos mañana).


Plaza Mayor: animación castiza a todas horas

La plaza Mayor es el centro neurálgico del Madrid de los Austrias y hoy se emplea para fiestas populares y mercadillos navideños. Lo que más atrae de ella son las pinturas de Guillermo Pérez-Villalta, que dan color a las fachada de la Casa de la Panadería, antigua sede del gremio de panaderos. Y también los comercios tradicionales y en peligro de extinción que la rodean como la alpargatería Casa Hernanz (Toledo, 18), el paraíso del calzado de suela espartana. Y si para muchos supone una locura tomarse algo en una de las terrazas con precios turísticos repartidas por la plaza, nada mejor que la pastelería el Madroño (Latoneros, 10), que combina su solera con la experimentación culinaria: en ella podemos comer pastelitos de madroño (¿existe algo más madrileño?), de algas con chocolate, de remolacha... y ya para darse de bruces con el tipismo, lo suyo es alojarse en la Posada del Peine, inaugurada en 1610, pero recién reformada como hotel de cuatro estrellas.


Estadio Santiago Bernabéu: el palacio del equipo blanco

Es difícil no visitar el carismático Bernabéu, especialmente porque está en el medio del Paseo de la Castellana, que es una de las vías de casi obligado tránsito. Fuera de los horarios futboleros o destinados a celebrar conciertos que podrían acoger a cerca de 1000'000 personas, el estadio mantiene abierto el Realcafé Bernabéu (paseo de la Castellana, junto a la palza de Lima. Acceso puerta 30), un café-restaurante con impagables vistas al interior del campo, así como una tienda de objetos merengues para veneradores del Real Madrid. Pero la estrella del estadio es su completa visita guiada, que incluye una pasadita por el palco de honor, los vestuarios y el túnel de jugadores (todos los días, de 10.00-19.00; acceso puerta 7; adultos 15 euros, niños 10). Pero hay salvación para los detractores del fútbol que se vean obligados a ir de la oreja a las cercanías del estadio: la sala Azca de la cercana Fundación Mapfre y sus exposiciones de artes visuales les servirán como refugio (General Perón, 40. Lunes, 14.00-21.00. Martes-sábados, 10.00-21.00; festivos, 12.00-21.00).

 

Museo Thyssen-Bornemizsa: un mosaico de arte internacional

El museo más reciente de los clásico madrileños: el Thyssen, parece que lleva medio siglo en el paseo del Prado pero sólo está ahí desde 1992. El interés de Carmen Thyssen hacia Gauguin se deja ver en la sala dedicada a la obra del pintor francés. Pero el museo es mucho más que mero Mata Mua: normalmente se exhibe en el al menos una exposición temporal junto a sus dos colecciones permanentes. La de la baronesa Thyssen-Bornemizsa contiene una curiosa muestra de pintura estadounidense de XIX poco vista en España. El museo ha sido ampliado recientemente: en sus nuevas salas se ubican las exposiciones temporales y ahora el café se sitúa bajo un techo ondulado cubierto de césped, salvo durante el verano, que es cuando el museo ofrece sus sesiones golfas durante las que se sirven cenas en la azotea del edificio. Y unos metros más allá, en la calle Jovellanos, se presenta también un trío de ases gastronómicos: Casa Manolo para comer croquetas; el Txoko de la Euskal Etzea y Edelweiss, el primer restaurante alemán de Madrid, abierto en 1939.


Atocha y su entorno: entrar por la puerta grande

No hace falta llegar en tren a Madrid para disfrutar de la arquitectura decimónica de hierro y cristal de la estación de Atocha. Es imprescindible acercarse a ella sólo para contemplar el gran recinto donde se halla su selva tropical, con su microclima húmedo tan distinto al típicamente madrileño; también lo es visitar el monumento a las víctimas del atentado del 11 de marzo de 2004, rememoradas mediante una escultura de vidrio clíndrica. Cerca de la estación se ocultan otras curiosidades, como el Museo de Antropología, uno de los más desconocidos de Madrid, o la pintoresca Cuesta de Moyano, que nos brinda la oportundiad única de pasear por una calle peatonal ilumindad con farolas diseñadas por Alvaro Siza entre puestos de libros viejos y nuevos (lunes a viernes, 9.00-14.00 y 17.00-20.00. Fines de semana, 9.00-14.00). Y para volver a lo vegetal, nada mejor que entrar en el contiguo Real Jardín Botánico (plaza de Murill, 2. https://www.rjb.csic.es. 914 203 017. Abierto todos los días. Invierno, de 10.00-18.00; verano, 10.00-21.00; 2 euros), que posee especies vegetales de todo el planeta y hasta una colección de bonsais cedidos por el ex presidente Felipe Gonzalez.


La Gran Via: el Broadway madrileño

Hay que recorrela de principio a fin, más d euna vez y a distintas horas del día para empaparse de todas las variantes que ofrece. La imagen más parecida a la que refleja el óleo de Antonio López, con la avenida totalmente vacía, la encontramos al abordarla desde du incicio, en la confluencia con la calle de Alcalá, un domingo al amanecer. Si busacamos la Gran Via de El día de la bestía hemos de ir a la plaza del Callao de noche: allí nos espera el famoso edificio Carrión con el neón de Schweppes que aparece en una escena curcial de la película. Y es que esta avenida salpicada de construccioens estilizadas de principios del siglo XX se asocia siempre con estrenos de espectáculos, si bien algunas de sus legendarias salas de cine van cerrando. Afortunadamente quedan el Palacio de la Prensa y el majestuoso cine Capitol para mantener la tradición de esplendor de esta avenida. Y, por supuesto, el bar del Museo Chicote seguirá ahí por muchos años, en el número 12, sirviendo ricos cócteles con su interiorismo años cincuenta, plagado de fotos de Ava Gardner y otros ilustres visitantes de Madrid.


El Rastro: gangas, casticismo y tapeo

Los domingos y festivos, de nueve de la mañana a tres de la tarde se monta en la zona más castiza de Madrid este vibrante mercado callejero. En él encontramos desde asientos para coches en la plaza de Campillo del Mundo Nuevo hasta sillones años treinta en el glamouroso L.A. Studio (Arganzuela, 20), pasando por futbolines y máquinas de pin ball en Dreams (Arganzuela, 25). Podríamos considerar que el Rastro, al igual que los grandes almacenes, se organiza por secciones. Los artículos para montañeros por ejemplo se hallan en la empinada Ribera de Curtidores, que debe su nombre a este gremio que en su día se asentó en ella. A la altura del número 29 de la Ribera, en torno al patio de las antiguas Galerías Piquer, que aún conserva su torre amarilla, se reúnen 70 anticuarios. Los que busquen ropa indie y abalorios deben pasear por la plaza de Cascorro, eje central del Rastro. Además de las compras, el vermut es una actividad casi obligatoria. El bar Los Caracoles, en plena plaza de Cascorro, es una apuesta clásica, pero hay muchas otras calles de nombres sugerentes como Mira el Sol (metro La Latina, Tirso de Molina o Puerta de Toledo).

 


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