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Antonio Fernández Díaz, Fosforito

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Leyendas Cante Flamencos
Al cante, Fosfotito

Como comentamos hace apenas un par de días, ha abierto sus puertas al público la Posada del Potro, un rincón emblemático del casco antiguo de Córdoba que ahora renace tras un lustro de rehabilitación como Centro de Interpretación del Flamenco y Museo del cantaor Fosforito.

Una excusa ideal para recordar a este gran artista de Puente Genil, hijo adoptivo de Córdoba capital. Un talento que comenzó a despuntar cuando el cantaor contaba con apenas seis años, cuando hizo su primera incursión en el cante. Nació en 1932, es el quinto de ocho hermanos y desde la cuna respiró aires flamencos ya que su abuelo materno era conocido como ‘Juanillo el Cantaor’ y su tío fue ‘El Niño del Genil’, a quien se le atribuye la creación del garrotín.

En esa familia humilde pero con arte por los cuatro costados crece quien todavía era sólo Antonio Fernández y que llegaría a convertirse en el mítico Fosforito. Sus primeros pasos los da escuchando a los maestros con admiración e intentando imitarlos mientras realiza sus primeras incursiones en ferias y reuniones. Así poco a poco su genio evolucionó hasta tener carácter propio y una identidad independiente en el mundo del cante jondo.

Su producción artística ha sido de tal envergadura que tiene registradas casi medio millar de obras a su nombre, compuestas para nutrir su amplia discografía, que consta de unos 40 discos y la de otros intérpretes. Toda esa producción, combinada con su buen hacer le han llevado a recorrer los cinco continentes, siendo ya ‘Fosforito’ en mayúsculas y ha participado en casi la totalidad de los festivales veraniegos que se celebran en España, acompañado siempre de primeras figuras del baile y de la guitarra. Un genio creador e intérprete que ha conseguido numerosos galardones y que ha sido reconocido, no sólo con premios, sino con su presencia en los eventos flamencos de mayor renombre, tanto en España como en el extranjero. Entre sus interpretaciones más destacadas se cuentan los Martinetes, las Seguiriyas, las Soleares, las Peteneras, las Cantiñas de Cádiz y de Córdoba, los Fandangos de Lucena, o los Tarantos del que este artista irrepetible es un auténtico creador.

En 1956 obtuvo el premio absoluto del I Concurso Nacional de Cante Jondo de Córdoba y asistió como cantaor a la Feria Mundial de Nueva York, formado parte un espectáculo encabezado por Manuela Vargas. Más recientemente, en 2005, fue distinguido con la Medalla de Oro del Cante, impuesta por el presidente de la Junta de Andalucía y un año después le fue concedida la medalla de Andalucía.

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