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Carmen Linares

Carmen Linares

Que se pare el mundo: canta Carmen Linares

Carmen Linares ha conquistado por méritos propios un lugar privilegiado en el mundo del flamenco, habiéndose convertido en una de las artistas más reclamadas y con más proyección internacional del cante flamenco.

Carmen Pacheco Rodríguez nació en Linares (Jaén) en 1951. Hija del guitarrista aficionado Antonio Pacheco Segura, se inicia en el cante en su ciudad natal en reuniones familiares. En 1965 la familia se traslada a Madrid, donde comienza a frecuentar peñas flamencas en la capital de España y también en Biarritz (Francia), formando parte del elenco de artistas de la compañía de Manolo «El Sevillano».

En 1970 actúa en el espectáculo de Fosforito de gira por el sur de Francia, y al año siguiente graba su primer disco, acompañada a la guitarra por Juan Habichuela y al cante por Paco Romero y José Molina. Este grupo realiza actuaciones por Italia y Estados Unidos y debuta en distintos festivales andaluces. En 1972 se incorpora al tablao madrileño «Torres Bermejas» donde ya actuaban Camarón de la Isla, La Perla de Cádiz, Pansequito, El Güïto, Trini España, José Mercé, Paco Cepero y El Fati. A partir de 1974 inicia una gira por Japón en compañía de Merche Esmeralda, el Chaquetón, Luis Habichuela y Paco Antequera. De vuelta a Madrid, es contratada en el tablao «El Café de Chinitas». Así, la trayectoria profesional de Carmen Linares se ha visto, como en otras tantas ocasiones, reconocida fuera de nuestras fronteras antes de llegar a popularizarse en nuestro país, pues no será hasta 1978 cuando obtenga el máximo galardón del Festival Nacional del Cante de las Minas de La Unión (Murcia).

A partir de 1981, Carmen Linares trasciende el mundo de los tablaos para combinar el cante y la interpretación, estrenando la obra de Martín Recuerda Las arrecogías del Beaterio de Santa María Egipciaca, con música de Enrique Morente, en el Teatro de la Comedia de Madrid. En la década de los ochenta, Carmen Linares alterna su participación en festivales -Primer Encuentro de Música Femenina Mediterránea (Córcega, 1983), la IV Bienal de Arte Flamenco (Sevilla, 1984), Festival de Europalia (Bélgica), II Cumbre Flamenca de Madrid, Festival Flamenco de San Isidro (Madrid)- con la puesta en escena de obras como la Historia de los Tarantos de Alfredo Mañas y Diquela de la Alhambra, o su participación en la película Flamenco de Carlos Saura.

La voz de Carmen Linares, llena de matices y musicalidad, junto a un estilo muy personal y versátil, ha permitido mostrar las inagotables posibilidades del arte flamenco, que ha enriquecido con la combinación del cante jondo y agrupaciones de cámara y orquestas sinfónicas; ejemplo de ello son sus interpretaciones de El amor brujo y La vida breve de Falla. Idéntico rigor y afán por investigar posibilidades y temáticas, es el que la artista pone en sus grabaciones, muestra de ello son sus dos últimos trabajos: Canciones populares antiguas (1994), donde recopila poemas y canciones de Federico García Lorca y Manuel de Falla, y Antología de la mujer en el cante (1996) donde recupera 27 estilos diferentes de cantes de mujer.

Tras sus discos, Carmen Linares vuelva a los escenarios en 1997 con el espectáculo Un rato, un minuto, un siglo…junto a la actriz Lola Herrera donde ponen voz y música a textos de García Lorca, e igualmente re p resenta en París el montaje Solo Flamenc o. En 1998 estrena la obra de Manolo Sanlúcar Locura de brisa y trino.

Carmen Linares ha recibido numerosos premios, entre los que destacan los siguientes:

Premio Icaro de la Música (1988), Premio del Ministerio de Cultura por el disco Cantaora (1992), Primer premio de la Asociación Nacional de Críticos de Arte Flamenco (1995), Medalla de plata de la Junta de Andalucía (1997), Premio Trovador de las Artes Escénicas (1998) y Premio El Olivo (1999). Comparada en innumerables ocasiones con la Niña de los peines, por su amplio conocimiento de la historia y de la praxis del flamenco, Carmen Linares representa magistralmente a la última generación del flamenco y ejemplifica que no hay que ser ni varón ni gitano para estar en la cumbre de su profesión.

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