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Rancapino

Rancapino

Imposible cantar mejor y con gesto de más verdad.

Rancapino, nacido como Alonso Núñez Núñez. Nació en Chiclana de la Frontera (Cádiz) en 1945, desciende de la saga de los Núñez (biznieto de María la Chiclana, y nieto de La Obispa). Gitano, nieto de la Obispa, hijo de Manuel Orillito, hermano de Orillo… Profundamente entrañado con lo jondo, de él puede decirse que vive el flamenco con entrega total, como lo ha vivido desde que era chiquillo y compañero de correrías de Camarón de la Isla. Los dos fueron uña y carne muchos años, cuando paraban en la Venta de Vargas a la espera de alguna reunión de aficionados en que pudieran ganarse unas pesetas. Después, cuando ya empezó el trabajo en los tablaos y los festivales, la vida trazó caminos bien diferentes para los dos, pues mientras Camarón ascendió pronto los peldaños más altos del flamenco, Rancapino ha sido siempre en cierto modo un cantaor modesto. Pero que hace un cante puro, jondísimo, con esa voz suya afillá que tan bien suena a los buenos aficionados. Rancapino reconoce dos magisterios fundamentales en su cante: el de Aurelio de Cádiz, desde el punto de vista estilístico, y el de Manolo Caracol, en el aspecto afectivo, pues a éste le ha considerado siempre ''el mejor cantaor que ha tenido el flamenco'' y le hizo llorar muchas veces con su queja tan especial.
Imposible cantar mejor y con gesto de más verdad. Alonso Núñez ‘Rancapino’ es el cantaor más en forma del momento. Cada vez que aparece, y lo hace mucho últimamente, arma el taco. A los 50 años, este gitano de Chiclana de la Frontera ha ocupado finalmente su lugar. Primero vivió a la sombra de su primo y amigo José, Camarón de la Isla; después se fue a Japón en busca de yenes con que llenar la buchaca. Ahora, de la mano del intelectual Manuel Arroyo (que ha editado un magnífico disco que rompe 20 años de silencio), del pintor Miquel Barceló ( que ha diseñado la portada) y de la guitarra del renacido Paco Cepero, Rancapino ha dejado el círculo de los iniciados para saltar a la arena del éxito. Lo ha hecho desde esa simplicidad compleja que duerme en el cariño a la pureza, el amor al cante con faltas de ortografía, como él dice, y el respeto a maestros como Aurelio, Caracol o el inefable Manolito de María, del que Ranca borda unas bulerías llenas de marcha y anticlericalismo.

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