Al sur de la capital, separada del mar por la barra arenosa de la Devesa, se extiende la mayor superficie de agua dulce de España y, para muchos, la más bella. Hace 6'000 años, cuando los sedimentos arrastrados por el Turia y el Jucar formaron dicha restinga, la lamina de agua sumaba 30'000 hectáreas; en 1911, al ser comprada por la ciudad de Valencia, se había reducido a 3'114 ante el empuje de los arrozales (tal como se cuenta en "Cañas y barro", novela escrita por Blasco Ibañez en 1902), y sus problemas no habían hecho sino empezar, pues a finales de siglo era más de 250 industrias y 13 municipios (incluida la capital)los que, en mayor o menor medida, hacían llegar sus residuos a ella, más el plomo que iban sembrando los cazadores.

A pesar de estos impactos negativos (algunos de ellos, amortiguados en los últimos años), el parque natural de la Albufera es una de las zonas húmedas más importantes de Europa y una delicia de paisaje, sobre todo si se contempla al atardecer, surcando la carretera que corre por la barra arenosa de la Devesa, entre el Mediterráneo y el lago, mientras el sol incendia los cañaverales. Siguiendo esta misma carretera, en la desviación a El Palmar, se debe visitar el centro de información de Racó de l'Olla, donde, aprovechando los terrenos del antiguo hipódromo del Saler, se han reconstruido los diversos ecosistemas de la Albufera: bosques, dunas, matas y malladas, tal como eran antaño. Cerca hay un observatorio de aves y, en las antiguas caballerizas, una exposicón sobre el parque. Más adelante, en los embarcaderos de El Palmar, se puede coronar la visita con un paseo en barca, avanzando a golpes de percha por entre los carrizales. Información sobre rutas a pie, en bici o en coche, en http://parquesnaturales.gva.es y http://www.valencia.es/ayuntamiento/albufera_accesible.nsf.