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10 excursiones

Indice

Ciudades con tanta historia como Sagunto, la que resistió ocho meses el asedio de Aníbal, o Xàtiva, la patria de los papas Borgia. Pueblos de postal como Morella, Guadalest o Peñiscola. Y, sobre todo, espacios naturales: la Albufera, el macizo del Montgó, la sierra de Irta, el Rincón de Ademuz, Penyagolosa...


La increible Albufera menguante

Al sur de la capital, separada del mar por la barra arenosa de la Devesa, se extiende la mayor superficie de agua dulce de España y, para muchos, la más bella. Hace 6'000 años, cuando los sedimentos arrastrados por el Turia y el Jucar formaron dicha restinga, la lamina de agua sumaba 30'000 hectáreas; en 1911, al ser comprada por la ciudad de Valencia, se había reducido a 3'114 ante el empuje de los arrozales (tal como se cuenta en "Cañas y barro", novela escrita por Blasco Ibañez en 1902), y sus problemas no habían hecho sino empezar, pues a finales de siglo era más de 250 industrias y 13 municipios (incluida la capital)los que, en mayor o menor medida, hacían llegar sus residuos a ella, más el plomo que iban sembrando los cazadores.




A pesar de estos impactos negativos (algunos de ellos, amortiguados en los últimos años), el parque natural de la Albufera es una de las zonas húmedas más importantes de Europa y una delicia de paisaje, sobre todo si se contempla al atardecer, surcando la carretera que corre por la barra arenosa de la Devesa, entre el Mediterráneo y el lago, mientras el sol incendia los cañaverales. Siguiendo esta misma carretera, en la desviación a El Palmar, se debe visitar el centro de información de Racó de l'Olla, donde, aprovechando los terrenos del antiguo hipódromo del Saler, se han reconstruido los diversos ecosistemas de la Albufera: bosques, dunas, matas y malladas, tal como eran antaño. Cerca hay un observatorio de aves y, en las antiguas caballerizas, una exposicón sobre el parque. Más adelante, en los embarcaderos de El Palmar, se puede coronar la visita con un paseo en barca, avanzando a golpes de percha por entre los carrizales. Información sobre rutas a pie, en bici o en coche, en http://parquesnaturales.gva.es y http://www.valencia.es/ayuntamiento/albufera_accesible.nsf.

Sagunto: mucho teatro

Antes que Saguntum, ésta fue Arse, la ciudad ibérico-edetana aliada de Roma que Aníbal cercó en el año 219 antes de Cristo y cuyos defensores prefirieron arrojarse a una hoguera antes que entregarse al caudillo cartaginés. Los romanos dejaron aquí un teatro de acústica excepecional, cuya restauración muchos juzgan disparatada, por escesiva. En él se celebran cada verano los conciertos y representaciones de Sagunt a Escena, festival decano de la región, otro de cuyos singulares escenarios es la Nave de los Talleres Generales, en el antiguo complejo siderúrgico de Altos Hornos del Mediterráneo. Los restos del foro romano afloran en el castillo, mientras que ne la subida al mismo, el Museo Histórico exhibe, como piezas más curiosas, un toro ibérico del siglo IV antes de Cristo y una cabeza de Diana. La enrevesada judería, a la que se accede por el protal de la Sanfre, es otro tesoro d eesta ciudad situada a 25 kilómetros al norte de Valencia. Turismo de Sagunto www.sagunto.es.


Peñiscola y la sierra de Irta

La población con más encanto de la costa castellonense asienta su casco viejo sobre una pequeña península rocosa, a la sombra de una severa fortaleza iniciada po los templarios a finales del siglo XIII, remozada porl os caballeros de Montesa en el siglo XIV y terminada en tiempos de Felipe II. Este castillo fue durante seis años la muralla que dividió al mundoe n dos: extramuros, todos los cristianos menos uno; dentro, Pedro de Luna, aquel maño cabezón que, tras ser depuesto del papado en el concilio de Constanza, acabó aquí sus días considerándose el único Papa bueno y lanzando excomuniones a diestro y siniestro. Dicen que es el segundo monumento más visitado de España, después de la Alhambra. Al norte de la península, hay una playa convencional, urbanizada, que se prolonga 15 kilómetros por el vecino término de Benicarló hasta Vinarós, ya en la linde de Castellón y Tarragona; al sur, están la sierra de Irta y sus 15 kilómetros de fachada litoral, mas esta bordada de calas, acantilados y vegetación mediterránea. Un sendero circular bien señalizado, el PR.V-194, permite recorrer a pie esta alturas dominadoras de la mar esmeralda, floridas de amarillas aliagas en invierno y de blancas estepas en primavera. Turismo de Peñiscola: www.peniscola.org.


Xàtiva: fuentes, Borgias y cuadros bocabajo

Xàtiva presume de ser la ciudad de las mil fuentes y patria de 400 celebridades, entre ellas los papas Borgia (Calixto III y Alejandro VI) y el pintor José Ribera, que además de tenebrista era tachuela, por lo que en Nápoles, donde vivió y murió, se le conocía como II Spagnoletto. El casco antiguo, medio noble, medio moruno, es vigilado desde lo alto del monte Vernisa por un castillo en el que se conservan desde restos íberos hasta añadidos del siglo XIX. Desde él se contempla, a lo lejos, el mar, la huerta y, descollando sobre los tejados, los principales edificios de la ciudad: la iglesia gótica de Sant Feliu, el hospital Real, la Seu renancentista y el edificio del mismo estilo de l'Almodi, antiguo deposito de granos y hoy sede del Museo Municipal, con obras de Ribera, Goya y Rusiñol, entre otros maestros; también se exhibe, colgado bocabajo, un retrato de Felipe V, a quien aquí, desde la guerra de Sucesión, no se le recuerdo precisamente con amor. Turismo de Xàtiva: www.xativa.es. 


Macizo del Montgó: vista a las Pitiusas

Huesuda y atroz, como la mano de gigante que describió Blasco Ibánez en "Mare Nostrum", se alza la mole calcárea del Montgó entre Jávea y Denia formando con el cabo de San Antonio, que es su prolongación, una silueta distinguible desde cualquiera de las playas qie bordean el golfo de Valencia, incluso desde la lejana Oropesa, allá en Castellón. La ruta más sencilla para conquistar la cumbre parte del campo de tiro de Les Planes-Denia, a 2.4 km de Jávea, enfilado havia la cara este del macizo por el paraje de Les Planes, un altiplano pedregoso que,  pese a su aridez extrema, pintan de verde los pinos carrascos, coscojas y palmitos, y que en primavera, para más milagro y color, revienta de gladiolos, jaguarzos, cantuesos, aliagas... En total, más de 650 especies que hacen que los botánicos se froten los ojos y que justifican plenamente que el Montgó fuera declarado parque natural en 1987. Dos horas cuesta plantarse junto al vértice geodésico que señala la máxima altura del Montgó: 753 metros sobre el cercano mar. Al sur se reconoce el peñón de Ifach; a poniente, la sierra de Aitana; al norte, allende el puerto de Denia, las playas de Olive y Cullera, y a naciente, en los días dlaros, Ibiza y Formentera. Mapas y descripciones detalladas de distintas rutas por el parque natural, en http://parquesnaturales-gva.es


La muy amurallada Morella

Encaramada sobre una picuda teta caliza en el abrupto norte de Castellón, observa impávida Morella el alocado correr de los siglos como si la cosa no fuera con ella. Dos kilómetros de muralla circular y 17 torres mantienen a esta villa encerrada en su propia belleza, ajena a la peste del progreso. Tan bien guarnida está, que es fama que el carlista Cabrera no tuvo más remedio que tomarla a través de una cloaca, un ardid más propio de una rata que del "Tigre del Maestrazgo". Luego le nombraron conde de Morella, y todos contentos. Las ruinas del castillo, en lo alro del cerro, y, a sus pies, la basílica arciprestal de Santa Maria la Mayor (uni de los edifcios góticos más bellos de la región) señorean un conjunto urbano de pasmosa monumentalidad, que nos obliga a sentir el peso de los siglos, una sensación reforzada por las calles en cuesta, tan empinadas que casi es menester que tiren de nosotros con garruchas. Escalando sus fatigosas costanillas, una docena de palacios y casonas blasonadas nos dicen de las glorias pasadas del conde de Creixell, del marqués de Cruilles, de los Sunyer, Pinyana y Ursinos, de los Piquer, de los Rovira, y así, remontándonos a apellidos cada vez más ilustres y antiguos, hasta llegar a la pata del caballo del Cid, quien por cierto también estuco aquí. Turismo de Morella: www.morella.net.


Altea, Guadalest y las fuentes del Algar

En el municipio alicantino de Altea hay ocho kilómetros de playas, calas y acantilados, pero la imagen que impresiona más vivamente la retina del viajero es la del casco antiguo que se arracima blanquísimo alrededor de la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, coronada por una cúpula de tejas azules vidriadas. Sus pinas callejuelas, llenas de recovecos y miradores, han atraído desde hace décadas a numerosos pintores a este rincón de encendido Mediterráneo. Por Altea pasan, y en Altea se casan, el río Guadalest y el Algar. El primero da nombre a otro pueblo cautivador, quizá el que más de Alicante. Encaramado en una peña con su castillo, Guadalest sólo tiene acceso por un portillo horadado en la roca viva. Intramuros se apiñan kas casas del pueblo antiguo, las cruces del cementerio y varios pequeños museos. El Algar, por su parte, nace en Callosa d'En Sarrià, en un paraje de cascadas, pozas límpidas, sotos y cañaverales que es el paraíso terrenal, pero con chiringuitos de paella. Turismo de Altea: www.ayuntamientoaltea.es.


Rincón de Ademuz: el cielo de Valencia

Menos de 3'000 almas, diseminadas por 17 núcleos de población, habitan este enclave valenciano aislado entre Castilla-La Mancha y Aragón, tierra la más alta, fría y recóndita de la región donde, en lugar de naranjos, crecen sabinas milenares y, a la vera del joven Turia, manzanos, que esto más huele a Cantábrico que a Mediterráneo. La montaña más elevada del Rincón y de toda la Comunidad Valenciana es el pico Calderón (1'838 metros), pero las excursiones más apetecibles son la que va de Vallanca a Ademuz por las hoces del río Boilgues y la que sube desde Arroyo Cerezo a la Cruz de los Tres Reinos, donde se tocan Valencia, Cuenca y Teruel. La ermita de la Virgen de la Huerta, en Ademuz, y la iglesia-fortaleza de Castielfabib, ambas del siglo XIII, son los monumentos más sobresalientes de una comarca a donde los turistas, para ser francos, no vienen a ver piedras, sino a caminar mucho y a comer potente: gachas de maíz y trigo, potaje, almortas, arroz empedrao, puchero, olla... Turismo del Rincón de Ademuz: www.rincondeademuz.com.


Requena y el valle de Ayora

Además de un mar de buen vino, Requena tiene uno de los conjuntos urbanos mejor conservados de Valencia, con su recinto amurallado de origen árabe, su monumental barrio de la Villa y, bajo la plaza del mismo nombre, 22 cuevas que forman una ratonera visitable de 1'200 metros cuadrados. Desde Requena se puede hacer una ruta de 80 kilómetros con rumbo sur, hacia el valle de Ayora. Comarca antaño fronteriza entre los reinos moros y cristianos, el valle está jalonado por espectaculares castillos y paisajes tan abruptos como los del macizo del Caroig, donde se encuentran algunas de las mejores muestras del arte rupestre levantino. Los principales hitos de esta ruta son: Cofrentes, donde se ofrece la posibilidad de efectuar un recorrido de 30 kilómetros en catamarán por las hoces del Júcar; la cueva de Don Juan, en Jalance; la apícola Ayora y el poblado ibérico de Castellar de la Meca, que estuvo habitado entre los siglos IV y II antes de Cristo. Turismo de Requena: www.requena.es.


Penyagolosa, la montaña sagrada

Esta montaña caliza del noroeste de Castellón es la segunda en altura de la región (1'814 metros), pero la primera en el corazón de los valencianos, que la veneran como sagrada desde tiempos remotos. De hecho, para subir a ella se parte de un santuario, el de Sant Joan, en Vistabella del Maestrazgo. En dos horas, pasando por el barranco de la Pegunta y el paraje del Corralico, se alcanza la acantilada cumbre, que domina visualmente desde el delta el Ebro hasta Castellón de la Plana, los laberínticos barrancos de la comarca de L'Alcalatén, y al norte, las tierras altas y rojas del Maestrazgo, donde lindan Castellón y Teruel, uno de los parajes más desolados del planeta. Como Marte, pero con masías. No menos espectacular que la ascencion a pie es una gira en coche por las revesadísimas carreteras que rodean el macizo. Así se descubren pueblos como Xodos, increíblement plantado sobre la cima de un peñasco calcáreo cortado a pico; o como Vistabella del Maestrazgo y Villahermosa del Río, cuyos nombres lo dicen todo. Más información en http://parquesnaturales.gva.es.