Del otro lado de la Gran Vía, al llegar a los barrios de Chueca y Malasaña, encontramos un ambiente más alternativo y noctámbulo. Pero un paseo diurno por ellos también nos depara sorpresas: empecemos en la plaza del Callao, donde se concentran las grandes salas de cine clásicas de Madrid y tomemos la calle Silva, que nos lleva a la plaza de Santa Soledad Torres Acosta, más conocida como "plaza de los cines Luna", pues en ella se encontraban hasta hace un par de años estos multicines. Si continuamos todo recto por San Roque daremos con la animada calle del Pez, un buen destino para el ocio nocturno. Allí están el teatro Alfil, dedicado a espectáculos de humor, y un montón de restaurantes, algunos infrecuentes en Madrid como Gumbo (Pez, 15), que sirve cocina criolla de Nueva Orleans. El bar Palentino es un claro ejemplo de cómo un lugar cutre y de toda la vida, sobreiluminado a base de fluorescentes, se puede convertir de la noche a la mañana en el templo sagrado del moderno juvenil de la zona.

Todo distrito tiene un epicentro o eje, y el de Malasaña es la plaza del Dos de Mayo, a la que llegaremos tomando la calle de Madera y recorriendo Espíritu Santo, otra simpática calle del barrio con tiendas de discos de importación, ropa de los sesenta y, en el número 12, un diner a la americana que hace furor: Home Burger. A la plza del Dos de Mayp se le podría otorgar el Premio Guinness a la mayor concentración de bares con terraza por metro cuadrado. Allí nos reciben el café de Mahón, colorista y con nombre coherente con los quesos de Menorca, y en el rincón opuesto de la plaza el bar-pizzeria Maravillas.

Otra manera de explicar Malasaña es mediante sus rutas temáticas, y la de los azulejos castizos sería una de ellas. Varios locales los mantienen todavía, ya sea en su fachada o en el interior. La esquina idónea para ver baldosines añejos en plena calle es la de la farmacía situada en la confluencia de las calles San Andrés y San Vicente Ferrer: los anuncios en versión azulejo de fumables inofensivos Juanse o del diarretil de la misma marca hacen pensar en tiempos sanitarios anteriores a Bayer o a GlaxoSmithKline. Más baldosines justo al lado: los de la Antigua Huevería, hoy convertida en bar para contrastar con su fachada gallinácea, o los de la taberna galleguísima casa Compañeiro, también en San Vicente Ferrer.

Si queremos que nuestro hilo conductor sean la ropa y los complementos, se recomienda la calle del Barco: con una amplia oferta de ropa vintage nueva y usada desde losaños veinte a los setenta, visite Corachán y Delgado. Para ropa noreuropa colorista Sólo Amor, Y para comprar algo que nos sirva como antídoto a lo rabiosamente fashion urge visitar Arrebato Libros (Palma, 21), una pequeña librería de segunda mano en la que se peuden encontrar tesoros de la alta cultura del pop literario del siglo pasado.

Del otro lado de la calle Fuencarral, el verdadero edén de la moda alternativa, se encuentra Chueca, el barrio más gay friendly de Madrid, que en junio celebra, orgulloso, su fiesta anual con verbena y jolgorio. La plaza de Chueca es el corazón del barrio y, una vez en ella, la taberna Angel Sierra es parada obligatoria para el vermut.

Yendo de nuevo hacia Gran Via hemos de tomar la calle de la Libertad para ver sitios como el multifacético Diurno, en la esquina con San Marcos, donde se puede desde comer maki hasta alquilar un DVD. Pero si la Gran Via nos cansa por ancha y por concurrida, alberguémonos en sus calle paralelas: Infantas y Reina. En esa zona ya cercana a la calle Alcalá, además de concentrarse el mayor número de coctelerías de Madrid por metro cuadrado, hay gran variedad de cafés y bares para todos los gustos. Dos excelentes y afrancesadas opciones comparten acera en la calle de las Infantas: Isolée (www.isolee.com), para los amantes del color blanco, y PauseCaféPatisserie, con tartas de dos pisos. Y la oferta continúa en este barrio que no parece descansar nunca.