Después de la catedral, ésta es, sin duda, la más imponente construcción religiosa de Granada. Un auténtico prodigio arquitectónico, escultórico y pictórico, construido en su origen (siglso XV-XVIII) en los arrabales de la ciudad pero que hoy, absorbido por la imparable expansión urbanística, se encuentra plenamente integrado en ella. El principal promotor fue Gonzalo Fernandez de Cordoba, el Gran Capitan, como forma de agradecer lo éxitos de sus campañas, aunque al iniciarse el proyecto en terrenos diferentes a los que había cedido este militar, acabó desentendiéndose. Quizá esto explique por qué fueron necesarios tres siglos para terminar de construir tan vasto conjunto monástico. De entre todos los espacios destacan, por la profusión decorativa, tan propia del Barroco andaluz y de su culminación en estilo churrigueresco, la iglesia, el sagrario, la sacristía y la sala capitular de los legos. La comunidad cartuja que lo habitaba fue expulsada en 1835 y en 1842 sufrió un devastador incendio que destruyó el claustro, las celdas y parte de la casa prioral, aunque todos ha sido reconstruidos.
