Se trata de un lúdico y colorido paseo, y podemos empezar tomando algo en la terraza del café Zurich de la plaza de Cataluña y observar, sólo mirar. Miles de personas de todo tipo y condición pasarán por delante de usted, unas salen apresuradas de las bocas del metro, otras corren hacia la cercana Puerta del Angel, unade las arterais comerciales de la ciudad, y muchas otras se dirigen hacia su ibjetivo: las Ramblas, como se las conoce popularmente. Se habla de ella en plural porque este bulevar flanqueado por plataneros recibe diferentes nombres (Canaletas, de Estudios, de las Flores, Capuchinos y Santa Mónica) a medida que baja hacia el mar, donde desemboca y termina. Y es que la Rambla es como un río, un río peatonal, muy fluido y caudaloso a cualquier hora de día, con crecidas fuertes a horas punta y fines de semana. Lo más aconsejable es ir por el pasea central e ir saliendo para ver los puntos de interés. Por el centro el caudal es muy denso, a veces incluso agobiante, pero es también donde se encuentran las actuacioens callejeras, las esculturas humanas que le acompañan hasta el final del trayecto; los enormes quioscos de prensa, que son los primeros que reciben los diarios cada día y donde los compran los adictos ya entrada la noche; los puestos de pájaros y otros animales exóticos y no tan exóticos; los numerosos puestos de flores, siempre tan bonitos y coloridos; y en el útimo tramo, los artistas callejeros compitiendo por una mcaricatura o un retrato de los viandantes. Sólo eso, que ya es mucho, en la parte ancha del transitado bulevar.

La primera parada, sobre todo si es su primera visita a la ciudad Condal, es la fuente de Canaletas, porque, según dice la leyenda, qui bebe de esta fuente volverá a la ciudad. Aquí es donde se reúnen los seguidores del Barça cuando hay que celebrar una victoria. Unos metros más abajo, en las esquina con la calle de Talleres, se encuentra la coctelería Boadoas, el primer establecimiento que sirvió combinados de bebidas alcohólicas y que se ha convertido en un clásico. Seguimos la ruta y a la altura del número 121 nos encontramos la farmacia Nadal, inaugurada en 1850 y que cuenta con esculturas, dibujos y cerámicas noucentistas; en esa misma acera, en el 115 se encuentra la Real Academia de Ciencias y Arte, contruida en 1883 por Josep Doménech y Esgtapà y que actualmente alberga, además de la academia, el teatro Poliorama. El edificio fue pionero en recursos decorativos que luego hicieron furor en el modernismo, y tiene en su fachada un reloj que es, según el dicho popualr, el que marca la hora oficial de Barcelona. Un poco más abajo encontramos un nuevo hotel de lujo en la antigua sde de Tabacos de Filipinas, el 1898.

Y si miramos para el otro lado, nos encontramos el palacio Moja, de finales del siglo XVIII, un edificio que fue de los marqueses de Comillas, decorado con pinturas neoclásicas de El Vigata y que conserva la habitación del poeta Jacint Verdaguer, protegido de la familia Lopez. En la actualidad, en el palacio se encuentra el departamento de cultura de la Generalitat de Cataluña. Casi enfrente tenemos el palacio de la VIrreina, una mansión rococó del siglo XVIII, buena muestra de la influencia francesa en los arquitectos de aquel siglo, que mandó construir el virret de Perú y que fue habatida por su viuda, la virreina Francisca Fivaller, hoy es un centro cultural municpal muy activo. En la planta baja, donde antiguamente se instalaban los amanuenses que escribían cartas a los que nos sabían manejar la pluma, hay una oficina de información ciudadana, y una bonita y veterana tienda de música, Casa Beethoven, fundad en 1880 por el editor musical Rafael Guardia.

Ahora llegamos a unos de los grandes atractivos de las Ramblas. Entramos en el paraíso de los cinco sentidos: el mercado de la Boquería. El actual mercado, construido en 1840, es una gran plaza con columnas jónicas con una original cubierta metálica, siempre en perfecto para tomar un tenempié o comer. Luego seguimos hasta la antigua casa Figueras, una antigua fábrica de pasta con una vistosa decoración modernista decorada en 1902 por el pintor Antoni Ros y Güell y que desde 1986 aloja a la deliciosa pastelería Escrbà. Unos cuantos nuemros más abajo, en el 77, encontramos otros ejemplo de decoración modernista en la casa Doctor Genové, obra de Enrique Sagnier, que alojó una farmacia y un laboratorio hasta 1974. En la actualidad es un bar de tapas. Y seguimos con ejemplos de casas emblemáticas. En el otro lado, bajando a la derecha, un dragón chino llama la atención de los transeúntes. Se trata de la Casa Bruno Cuadros conocida como la casa de los paraguas, si mira bien descubrirá decoraciones egi`cias y dibujos japoneses. El Café de la Opera e una opción muy válida para merendar un clásico chocolate con churros. Y ya llegamos al Gran Teatro Licei (www.liceubarcelona.com) una de las grandes óperas europeas, construido en 1847 y reconstruido después del incendio que lo destruyó en 1994. Se puede visitar por libre o de la mano de un guía, que mostrará la Sala de los Espejos, y si se opta por la visita larga, el Circulo del Liceo, con una fantástica coelcción de pintura modernista con cuadros de Ramón Casas.

Dejamos por un momento las Ramblas porque hay que entrar por la calle de Ferrán a la plaza Real, de construcción neoclásica y la úncia porticada de la ciudad. Hay multitud de bares y restaurantes para hacer parada y fonda, en este espacio ocupado por una variopinta clientela, en su mayoría turistas. Cruzamos de nuevo el bulevar para llegar hasta el primer edificio que ideó Gaudí para la ciudad, la residencia de la familia Güell, mecenas del artista catalán, el palacio Güell (www.palauguell.cat). En la actualidad está sometido a obras, por lo que la visita es parcial. Estamos llegando a la desembocadura, al final del río. Pero antes de llegar a puerto, dos útlimas visitas culturales, a mano izquierda se encuentra el Centro de Arte Santa Monica (www.centredartsantamonica.net) y un poco más a la izquierda el Museo Marítimo. LLegamos a fin del trayecto, a los pies del monumento a Colón otro de los símbolos de la ciudad nacido de la Exposición Universal de 1888 y que contiene un ascensor en su interior al que se puede subir para observar una vista de las Ramblas y del puerto. El mar nos espera.
