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Mantones y peinetas, accesorios perfectos

Los mantones de manila son lienzos cuadrados de seda decorados generalmente en colores vivos con flores, pájaros, etc, rematados en su borde exterior con flecos. Sus orígenes se remontan a las rutas comerciales creadas por el Imperio Español con el continente asiático, y más concretamente con China y Filipinas. Es desde allí de donde procedían los cargamentos de mercadería oriental entre los que se hallaban los mantones. Su popularidad inicial en España se debió a la prohibición del uso de velos por parte de los Reyes Católicos en 1492. Las moras decidieron, así, utilizar los mantones orientales para cubrir su cabeza y rostro. 


Originalmente los mantones, de gran tamaño y fabricados en seda, reflejaban la flora y fauna china con crisantemos, bambúes, dragones y aves originarias de oriente. Con el tiempo y el aumento de la demanda española se empezaron a modificar cambiando los bordados por rosas y claveles, y posteriormente, en España se añadieron los flecos de origen árabe. Estos se colocaban con hilo de seda y utilizando técnicas de macramé o crochet. Los colores típicos solían ser negro, blanco, marfil o rojo. El proceso de fabricación comenzaba con la creación de un patrón sobre un papel en el que se hacía las perforaciones correspondientes. Ese patrón posteriormente se marcaba con tiza sobre la tela, que después, con la ayuda de un bastidor, se bordaba cuidadosamente. La técnica más habitual era el bordado a matiz, y dentro de ella la de bordado plano, con puntos de matiz chino, pasado plano y cordoncillo. La obra se remataba con la colocación de los flecos. Por otra parte, para que los mantones llegaran en óptimas condiciones a su destino se fabricaron en Filipinas unos estuches especiales, cajas cuadrangulares de madera lacada y dorada, decoradas con incrustaciones de madreperla y motivos chinescos.


 


En cuanto al modo adecuado de utilizar un mantón, lo más común es llevarlo colocado sobre los hombros, pero también se utiliza anudado a un lado o a la altura de las caderas. Y para su correcto almacenamiento existe una manera profesional y experta de hacerlo, pero para aquellos que no sepan cómo se recomienda colgarlos en una percha y cubrirlos con una funda, o guardarlos en un cajón sin doblar. En caso de necesitarlo se pueden planchar del revés con una plancha de vapor. 

 
Respecto a las tipologías de mantones de manila, existen un par de modelos tradicionales que cabe la pena mencionar. Por un lado están los cigarreros (inmortalizados en la ópera Carmen de Bizet), decorados con grandes rosas y claveles, bordados en colores vibrantes, ramas de bambú y flores. Y por otra parte, los isabelinos, con bordes decorados con flores y el centro vacío. Cada una de las flores que decoran los mantones tienen un significado especial: las violetas se refieren a la pureza, las margaritas a la impaciencia, las rosas a los secretos, y los girasoles a la lealtad. 




Así pues, poco a poco se fueron haciendo cada vez más populares hasta que en el siglo XIX sustituyeron a chales y pañoletas. Y con el tiempo numerosos talleres empezaron a aparecer en Sevilla para crear sus propias colecciones. Además, las bailaoras terminaron tomándolo prestado y lo integraron en sus bailes. Su utilización, no obstante, resultaba complicada ya que sólo las bailaoras más experimentadas eran capaces de bailar con ellos como si estos fueran una extensión de sus cuerpos.

 

Las peinetas, por su parte, son ornamentos femeninos para el cabello que constan de un cuerpo convexo y un conjunto de púas que encajan sobre el moño. Originalmente se fabricaban de carey procedente del caparazón de la tortuga, pero cada vez más se utilizan materiales sintéticos para su creación. Empezaron a ser más habituales en España desde finales del siglo XVIII. Y la mantilla suele ser un complemento habitual de la peineta, sobre la que se coloca para estilizar a la mujer. 

 

 


IMPORTANTE:

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