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El lenguaje del abanico

Jesús Elguera


 
El abanico, además de convertirse en una parte indispensable de la vestimenta de una época, constituyó un instrumento ideal de comunicación en un tiempo en el que la libertad de expresión para las mujeres estaba totalmente restringida. Cuando las jóvenes de finales del siglo XIX, principios del XX acudían a los bailes, siempre iban acompañadas de sus madres o de damas de compañia, con el fin de que estas pudieran vigilar su comportamiento. Las criadas eran realmente estrictas en cuanto a las tareas que se les encomendaban, así que las jóvenes tuvieron que inventar una nueva forma de comunicarse con sus pretendientes e intentar pasar desapercibidas. Esa es la razón por la que existen diferentes lenguajes del abanico, pero todas ellos utilizaban como regla común el posicionamiento del objeto en las cuatro direcciones con cinco posiciones diferentes en cada una. Así, con ese sistema, representaban cada letra del alfabeto.



Pero además de esa regla general, había ciertos gestos con significado, como pueden ser:


Moverlo con la mano izquierda: nos observan.

Semicerrarlo en la derecha y sobre la izquierda: no puedo.

Golpearlo, cerrado, sobre la mano izquierda: escríbeme.

Dejarlo deslizar sobre la frente: has cambiado.

Mantenerlo en la oreja izquierda: quiero que me dejes en paz.

Abrirlo con la mano izquierda: ven y habla conmigo.

Tocar con el dedo el borde: quiero hablar contigo.

Sostenerlo con la mano izq. delante del rostro: busco conocimiento.

Cambiarlo a la mano derecha: eres un osado.

Dejarlo colgando: seguiremos siendo amigos.

Dejarlo deslizar sobre los ojos: vete, por favor.

Sostener el abanico con la mano derecha delante del rostro: sígame.

Arrojarlo con la mano: te odio.

Abrirlo y cerrarlo: eres cruel.

Dejarlo deslizar sobre la mejilla: te quiero.


Presentarlo cerrado: ¿me quieres?

Moverlo con la mano derecha: quiero a otro.

Abanicarse despacio: estoy casada.

Abanicarse deprisa: estoy prometida.


Apoyar el abanico en los labios: bésame.

Abrirlo despacio: espérame.


Abierto, tapando la boca: estoy sola.


Apoyarlo sobre la mejilla derecha: sí.


Apoyarlo sobre la mejilla izquierda: no.

 

 


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